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lunes, 7 de enero de 2013

Marc Chagall / Mariano Crespo





FELIPE

En mi familia nadie cantaba bien
excepto Felipe, el jilguero que vivió en casa una década,
tras comprárselo mi madre a un gitano 
por 14 pesetas a la puerta del mercado. 

Un día se cayó redondo en su jaula,
mi padre le puso en el pico una gota de tónico cardiaco
y todavía nos cantó un año
en su paseo diario entre la lechuga y el alpiste.

Si ustedes no han oído cantar a un pájaro resucitado
no saben lo que es trinar boleros.

El canto de quien ha visto 
que por la estación de los muertos no pasan trenes
y la luz es lunar 
como los adornos ocultos de las mujeres. 

Mi padre también le compró discos de otros pájaros
y en la mañana de los domingos 
no podía poner a los cantautores
porque Felipe estaba oyendo los grandes éxitos
de las más famosas aves canoras.

En mi familia nadie cantaba bien.

Cuando murió Felipe 
me fui de la casa de mis padres a otra parte
ese lugar inconcreto en donde suele habitar la música.

En aquellos años descubrí los lunares ocultos de las muchachas,
volvió el canto de los pájaros a mi vida
y reconocí a Felipe entre el coro 
que festejaba mi bautismo de primavera.

Tuve una juventud en silencio.
No leí el kamasutra.
No aprendí solfeo.

A las mujeres las toqué de oído como los músicos callejeros.

© Mariano Crespo Martínez



viernes, 29 de junio de 2012

Marc Chagall / Julio Cortázar



Antes, después...

Como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio

aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna

como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente...

jueves, 27 de enero de 2011

Marc Chagall / San Juan de la Cruz


NOCHE OSCURA

1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

2. A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

3. En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

5. ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

6. En mi pecho florido
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba

7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.