Mostrando entradas con la etiqueta Andrés Trapiello. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andrés Trapiello. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Gabrielle Münter / Andrés Trapiello





El árbol de la ciencia


Dicen, mi amor, que es imposible hacer
versos de amor feliz, de enamorado,
que sólo lo perdido o no alcanzado
se canta en la poesía, el padecer

olvido o el sufrimiento de volver
al recuerdo de todo lo pasado.
Unas veces la sed de lo vedado;
otras, el vino del amargo ayer.

No hagas caso, mi amor, habladurías.
Contigo todas mis melancolías
son ramas escarchadas en anís

donde se posa un pájaro de nieve.
Escúchale cantar tan hondo y breve.
Que no te engañe su plumaje gris.

"Acaso una verdad" 1993

domingo, 10 de junio de 2012

Giorgio de Chirico / Andrés Trapiello


Ya es ayer

Caminamos de niños por las calles
Sombrías de León, en plena noche.
Hasta la luz es eco, y nuestos pasos.
Los lóbregos portales, tan angostos.
Hepáticas farolas. Nuestras sombras.
Tan estrechas y largas. Nos creemos
Bantusis, y jugamos. A pisar
Nuestra sombra, saltando por encima.
A quedarnos sin sombra, y ser felices.
A montar nuestra sombra en la de al lado,
Y entre los niños uno, oscuramente
Ha comprendido acaso que los hombres
Podrían ser iguales y fundirse
Sin daño, de ser sombra. En tales rúas,
Las más tristes del mundo, las más lúgubres.
Y seguimos jugando. Por delante,
Hacia el mar, que es el morir, las sombras
Cada vez más en fuga, como ríos.



Versión en francés pequeño homenaje a mi amiga Sylvie Fournès

C'est déjà hier


Enfants, nous marchons dans les rues
sombres de Léon, en pleine nuit.
Même la lumière est écho, et nos pas.
Les porches ténébreux, si exigus.
Hépatiques lampadaires. Nos ombres.
Si étroites et si longues. Nous nous croyons
Batutsis, et nous jouons. À marcher sur
Notre ombre, en sautant dessus.
À perdre notre ombre; être heureux.
À placer notre ombre sur celle d'à côté,
Et parmi les enfants, un, obscurément
A peut-être compris que les hommes
Pourraient être égaux et se fondre
sans douleur, d'être ombre. Dans ces ruelles-là.
Les plus tristes du monde, les plus lugubres.
Et nous continuons à jouer. En aval,
vers la mer, qui est la mort, les ombres
de plus en plus en fuite, comme les rivières.